¡Destétese, Iván!

Por: María Jimenez Duzan, revista Semana –

Miren la estupidez en que estamos por tener un presidente que aún no se ha destetado: si se asesinan a líderes sociales, este Gobierno sale a decir que el responsable es el expresidente Santos. ¿Por qué? Ahh… pues porque así lo ordena el libreto de Uribe.

Si la Corte Suprema decide abrirle una investigación por manipulación de testigos a Uribe, no es porque la corte haya actuado en derecho, sino porque está aliada para acabar con el expresidente Uribe en un complot urdido por Santos y ese enemigo imaginario que se han inventado para meternos miedo, y que han bautizado como las nuevas Farc. Si mueren jóvenes asesinados en masacres, el Gobierno, de manera irresponsable y casi ridícula, también señala como principal responsable a Juan Manuel Santos, y si la policía asesina a un abogado en un CAI y se desencadena una protesta en la que terminan muertos nueve jóvenes más, la culpa resulta que es de la alcaldesa de Bogotá, de Maduro… y de Santos.


Uribe, el fascista

En otras palabras, Santos y sus aliados malevos se han convertido en la excusa que el uribismo se ha inventado para poder hacer las reformas que les darían a ellos todo el poder y el control y, por ende, les garantizarían su permanencia en el poder por muchos años más. Para eso se inventaron el coco de Santos y compañía: para quedarse en el poder con su propia Constitución y su propia corte.

Lo que no saben Uribe y Duque es que ya sus mentiras no producen miedo sino risa. La verdad es que Duque y Uribe están utilizando estos nombres –Santos, Claudia López, Iván Cepeda y la oposición– para esconder sus vergüenzas: su falta de políticas, su ausencia de discurso y su incapacidad para leer el país. Pero repito, estos enemigos imaginarios también les sirven para imponer su visión cada vez más autoritaria y tirana, en la que la oposición, el disenso, y desde luego la protesta, deben ser proscritos. Duque gobierna sobre percepciones que son mentiras fabricadas por Uribe y que no tienen ningún asidero en la realidad.


El Aro, Mancuso y Uribe

Probablemente ni Duque se las cree, pero como no ha tenido la valentía de detenerlas ni de enfrentársele a su mentor, pues le ha tocado gobernar así, de mentira en mentira, y en ese camino no se ha dado cuenta de que está incendiando al país. Yo estoy dispuesta a perdonarle al presidente Duque sus discursos vacíos, su ausencia de políticas y hasta su falta de empatía. Todo eso podría ponerlo en remojo. Lo que sí no le perdono es que no haya sido capaz de destetarse de Álvaro Uribe ni de imponerle linderos a sus delirios de poder.

Un presidente al que Uribe le da órdenes a través de su Twitter, como se las dio la semana pasada luego de que estallaron las protestas por el asesinato de un abogado víctima de la violencia policial, que permite que se las dé un expresidente preso en su finca y que le ordena sacar ya al ejército a las calles y a deportar a los extranjeros, mientras que insiste de nuevo en señalar a Santos como el responsable, es un presidente sin dignidad. Duque nunca ha salido a marcar distancia de Uribe. Ni cuando fue precandidato, ni en sus primeros días de gobierno, ni ahora que Uribe se descaró y anda montando libretos mentirosos para evitar que la Justicia pueda investigar sus presuntos vínculos con los paramilitares.


El reinado de los Char

¡Destétese, Iván Duque! Usted es el presidente y no puede seguir arrastrando la dignidad de ese cargo por el temor a enfrentarse con Uribe. Usted juró defender los intereses de la Nación y no los intereses de su presidente eterno. No puede seguir cobijado bajo su seno porque este país requiere de gobernantes capaces de ejercer el poder de manera directa, sin interferencias y sin expresidentes que le dicten lo que debe hacer.

¡Destétese, Iván!

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